El destino del Hombre Maya
(Extracto del libro de Carlos Barrios: Chumilal Wuj)
Al encontrarme con don Isidro la última vez y sin contenerme, pues en todo el camino vine pensando en los acontecimientos que están sucediendo en el mundo y pensando en los tiempos de las profecías, le pregunté a boca de jarro:
“Don Isidro, cuál va a ser el destino del hombre Maya?”
Como siempre que le hacía una pregunta, frunció el ceño, se quedó callado por unos momentos y me dijo:
“Es mejor si preguntaras ¿qué va a ser de la humanidad?, pues el destino del hombre maya y de todos los demás habitantes del planeta va unido, ya no es cuestión de razas o naciones, mucho menos de sectores o peor aún de sectas.
Los acontecimientos actuales, el curso que ha tomado el planeta, como entidad viva, y todos los que en ella habitamos son de tremendo caos. Sin necesidad de entrar a análisis profundos puede darse uno cuenta sobre la gravedad del asunto, hay un desbalance, producto de la inconsciencia en el ser humano. Pues al salirnos del Orden Natural era previsible este resultado.
Se habla de libertad y democracia, yo pregunto, ¿de qué libertad hablan? Si contradices los designios de quienes se abrogaron el derecho de manejar los designios del mundo inmediatamente eres aplastado, esto sucede en nuestro pequeño país, pero también en los más desarrollados. La libertad que nos inculcan se trata de respetar las normas dictadas por unos cuantos, y al final solo a ellos benefician. Para esto se valen de una sofisticada trama, hacen tratados entre las grandes potencias, sin considerar las necesidades de los demás. Y a la misma población la tienen sumida en un estado de aletargamiento, puedes darte cuenta al revisar los valores que nos rigen, y no te estoy hablando de una falsa moral. El tema es más serio según algunas normativas de comportamiento y dictados religiosos, solo basta con asistir a un oficio religioso de fin de semana para quedar con la conciencia tranquila. Estamos hablando de una verdadera libertad de conciencia, ésta no significa hacer lo que se me da la gana, se trata de ser libre en tu mente, en tu ser interno. La libertad es un estado de conciencia que te hace ser feliz en cualquier lugar o momento, estar en armonía, en donde cada ser humano se respeta sí mismo y a todos los demás. Que cada quien se preocupa realmente por sí mismo como una premisa real de existencia, en tener salud porque no tienes preocupaciones, en tener riqueza porque tus más preciadas posesiones son la verdad y la sencillez. Tu verdad es el conocimiento de ti mismo, de tus virtudes y defectos, el aceptarse como se es, sin que esto te cree conflictos. Existen personas que nacen con propiedades, que uno no puede alcanzar, pero también tú tienes otras que a los demás les falta, no se trata de competir entre unos y otros. Nuestra realidad es que todos necesitamos de todos, cuanto más alto cargo tienes en la vida más responsabilidad y humildad debes tener, pero por ni vivir así, ahí tienes lo mal que va el mundo. Nuestros gobernantes, en tiempos de mis abuelos, eran amados y respetados por su sabiduría, por sus aptitudes para servir a los demás. Este cargo se ganaba con una demostración de servicio a lo largo de la vida, la mejor campaña política era el servicio a la comunidad. Y el ocupar un puesto de esta naturaleza, no era para vanagloriarse ni creerse un todo poderoso, era para preservar el equilibrio y sostener la visión de los abuelos.
Pero ahora los gobernantes se desplazan en carros blindados, con cuerpos de seguridad. Están separados de la realidad, convencidos que son la quinta maravilla, pues a su lado tienen quienes les endulzan el oído, reafirmándoles constantemente lo maravillosos que son. Me pregunto ¿a qué le temen?, si están al servicio del pueblo y velan por el bienestar de todos.
La repartición del mundo ya no es ni siquiera entre las grandes potencias, es entre pequeños grupos de poder, que en cualquier día pueden desatar una Guerra o poner de cabeza a un país. Así está el asunto de la globalización y los humanos no nos damos cuenta del manejo a que se nos somete. Vivimos enajenados en una constante lucha y competencia por acumular bienes materiales, que solo llenan nuestras casas y orgullo mas no así nuestro interno, pues no tenemos rumbo. La enajenación se apoderó de nosotros, preferimos tener un celular que ver un atardecer, preferimos tener lleno el bolsillo y vacío el corazón. Libertad no es elegir como gobernante a quien pensemos que servirá a nuestros propósitos. Con la imposición de nuestras fronteras, de la división de las naciones creamos odios con nuestros vecinos, nos armamos hasta los dientes y a la menor provocación surgen las confrontaciones. Es un asunto de nación, por la cual vemos desaparecer a nuestros hijos, por la cual somos capaces de matar, es una cadena sin fin. Vivimos en estado policíacos, en los que el respeto y la ley son por temor, por represión, no por convicción, por conciencia. Amén que ahora tenemos una policía mundial que se cree con derecho a poner orden según su visión de derechos humanos, y se toman la obligación de invadir, hacerle la Guerra o desprestigiar a cualquiera que enfrente sus designios.
La libertad es un asunto más serio, pero a la vez más simple, la libertad es tener paz, es estar cómodo con nuestros actos. No se trata de conformismo, de esperar una vida mejor en el más allá, sino de una mejor vida hoy y aquí mismo, y esta se logra con la sencillez. Te gratifica más tener tiempo para jugar y enseñar a tus hijos que vivir de prisa para no llegar a ningún lado. ¿Acaso no es mejor tener tiempo para ti mismo en lugar de sentarte frente a un televisor e evadir tu neurosis? Pero todo esto no es un asunto individual, es un problema conjunto por la forma en que está estructurada la razón social y el orden económico. En este momento no hay salida a las enmarañadas y complejas estructuras y aunque parezca difícil, las profecías son claras, a la llegada del año Cero terminan de cumplirse todos los ciclos. El cambio es necesario, pues la contaminación tanto del ambiente como de la mente, ya no puede seguir. Las plagas que nos están atacando, el sobre-calentamiento, los fenómenos naturales que se producen día a día, a lo largo y ancho del mundo, son los relatos de las profecías de todas las tradiciones. No se trata de un fin del mundo como nos han querido engañar los fatalistas y manipuladores, se trata del fin del sistema actual, lo cual es diferente. Y el destino de la humanidad será acorde a su prestancia a ese cambio, depende de nosotros poner nuestra mente en una actitud más positiva, en no generar una psicosis de calamidad. Toda la gente está loca por el advenimiento del fin de milenio, cuando deberían de pensar mejor en el fin para el cual nacieron. Recordémonos que esta vida que tenemos no es eternal, es seguro que tendremos un final pues más tarde o más temprano todos moriremos. Y seremos nosotros mismos los encargados de juzgarnos, es el juicio final del que todos hablan, el momento de nuestra muerte, y allí no podremos evadirnos, mentir o engañarnos. En ese momento responderemos qué hemos hecho con esta maravillosa oportunidad que llamamos vida, fuera de lo trascendente del histórico momento que estamos viviendo como humanidad. Nuestra propia existencia es también igual de trascendente y no se vale desperdiciarla, ni perder el tiempo evadiéndonos en la locura cotidiana.
Nuestro destino como pueblo, en estos tiempos, será una luz, una guía. Junto a los demás pueblos nativos estamos haciendo un llamado a nuestros hermanos menores, a que salgan del juego ilusorio en que se envolvieron y que retornen sus pasos hacia una vida armónica.
Quien entienda este llamado a revalorizarnos como humanos, quien entienda que no podemos seguir dañando la naturaleza y vivir inconscientes serán los que tendrán la capacidad de construir un mundo nuevo, de sobrevivir a los cambios. Éstos no están exentos de pequeños o grandes cataclismos, pero la mayor crisis será de valores, del valor que cada quien se tiene como ser humano. Dependiendo en qué fundamenta su existencia así será su capacidad de sobrevivir, pues la humanidad puede entrar en una locura nunca antes vista.
La humanidad está llamada a ser una sola nación, un solo pueblo, de respeto al individuo, sin exclusión a nadie, sin imposición de nada. Un pueblo en que impere la armonía, en el que ya no habrá falsedades, donde habrá una verdadera libertad, desaparecerán las religiones opresoras y castigadoras, porque la verdad estará en cada uno de nosotros. Este es nuestro destino y el de toda la humanidad, el advenimiento del Quinto sol, el año Cero, el retorno de los B’alameb’.
Recuerda que no importa cuánto tienes encima, lo que realmente importa es cuánto tienes adentro.”
(Don Isidro)
Extracto del Libro Chumilal Wuj, Carlos Barrios, Editorial Chol Samaj, Iximulew.